Cómo ayudar a tus hijos a hacer los deberes (sin hacerlos tú)

Cómo ayudar a tus hijos a hacer los deberes (sin hacerlos tú)

La reciente huelga de deberes ha dejado claro que muchos padres opinan que los niños tienen demasiadas tareas. Sin embargo hay otra cosa de la que no se habla tanto… ¿es necesario (y conveniente) que los padres y madres se impliquen en los deberes de sus hijos? ¿Cómo hay que ayudarles y, sobre todo, cuánto? ¿De verdad es bueno que los mayores sean los que acaben haciendo los power point? ¿Le sirve a los peques tanta implicación de sus progenitores? Según la última encuesta sobre los hábitos de estudio de los niños españoles del Instituto de Demoscopia, el 80% de los estudiantes de primaria reciben ayuda para hacer los deberes, una cifra que desciende al 45% en los de secundaria. Uno de los mayores expertos en educación de este país, el escritor José Antonio Marina, recuerda en su web que “lo importante no es que el alumno ‘estudie’, sino que aprenda. Y conseguir esto es un arte”.

Sobre los deberes y cómo ayudar a los peques, propuestas hay muchas. Desde las madres tigre chinas, que proponen el castigo y la coacción como método para conseguir pequeños genios o al menos estudiantes muy esforzados, hasta el sistema finlandés, que aboga por todo lo contrario. En el libro ‘Educación Finlandesa’, de Pasi Sahlberg, se recomienda no forzar a los niños a ser los mejores en todo. Si lo haces, los pequeños querrán pasar más tiempo del necesario haciendo sus tareas, perderán la curiosidad y el interés por el proceso de aprendizaje. Considerado el sistema educativo con menos deberes del mundo y el que obtiene mejores resultados, los finlandeses apuestan por deberes muy cortos y participativos. Una especie de aprender jugando.

Entre unos y otros, los padres y madres españoles lo hacen lo mejor que pueden y recurren a la sensatez en la mayoría de los casos, aunque todos tenemos algún amigo/a que, un domingo por la noche, acaba por terminar los deberes de su peque para que al día siguiente no tenga problemas en la escuela. Tanto Concapa como Ceapa, las principales asociaciones de padres y madres de alumnos, consideran que los padres no deben ayudar con los deberes y que si lo hacen es que algo falla en la educación. Pero lo cierto es que en la realidad, cuando los críos piden ayuda padres y madres suelen reaccionar dándosela.

Además, no todos están en contra de esas ‘ayuditas’. En la campaña del Departamento de Educación de los Estados Unidos ‘No child left behind’, la participación de los padres en los deberes puede hacer que el desarrollo educativo de los niños se acelere, siempre y cuando se limiten a resolver dudas que los niños no consigan resolver solos. Lo mejor, apuntan, es que dejen a los estudiantes hacer las tareas solos y, especialmente a los que tienen buenos resultados, no se les acostumbre a necesitar ayuda.

Según los expertos, la clave para ayudarles es, precisamente, no hacerlo en demasía dado que si lo haces dinamitas los objetivos fundamentales de estas tareas: que fijen sus conocimientos y que aprendan a solucionar los problemas y preguntas de los ejercicios de manera autónoma, además de desarrollar su responsabilidad. Por tanto no hay que hacerles nunca los deberes, por muy cansados que estéis todos o por mucho que quieras que ese trabajo de manualidades sea el mejor de la clase.

De algún modo, si los padres son los que hacen las cosas, el niño acabará pensando que está permitido engañar al profesor. Predicar con el ejemplo es fundamental. Así, si se le dice a los críos que no tengan el móvil durante el tiempo que dedican a sus tareas, no estaría de mal mostrarles que sus padres también practican una sana desconexión de los suyos. Se trata de una muestra de respeto por el tiempo de estudio y también un buen ejemplo de que no pasa nada por desconectar un rato.

* Crear rutina de estudio. Una de las mejores formas de ayudar a tus hijos a estudiar es conseguir que sea una rutina, un hábito que les dure hasta que acaben su formación. Ello se consigue buscando un lugar para hacerlo, que sea siempre el mismo, donde no haya ruidos y que esté aireado. Donde se sienta cómodo y pueda aprender a concentrarse.

* Controlar el tiempo. El profesor Harris Cooper, de la Universidad de Duke, propone la regla de los 10 minutos. O sea, que los alumnos de primer curso de primaria dediquen 10 minutos diarios a sus tareas, y que se vaya incrementando este tiempo 10 minutos en cada curso, lo que supondría estudiar una hora el último curso de primaria. En secundaria, los deberes son más necesarios y se deberían alcanzar las dos horas al día. Si se ve que los niños necesitan mucho más tiempo, convendría hablar con los profesores.

* Mostrar interés. Según la Universidad para Padres, fundada por José Antonio Marina, es importante que los progenitores demuestren interés por lo que sus hijos han aprendido. Mientras les hablan de ello, lo están repasando. Por eso, se puede aprovechar para sacar temas de conversación relacionados con lo aprendido y así repasar de forma amena.

* No criticar las tareas escolares delante de ellos. Si lo haces, estarás fomentando que se rebelen contra sus profesores, que se sientan frustrados y que no valoren lo que están haciendo porque tu tampoco lo haces. Mejor acude al centro educativo y habla con lo docentes si te parece que algo está mal.

* Ayudar no es hacerlo tú. Una de las bases de los deberes es fomentar la autonomía de los niños. Si los padres los acaban haciendo ellos, aunque sea para agilizarlo o por puro cansancio, no sirven para nada. El niño en lugar de conocimientos aprenderá a engañar a sus profesores y quizá a sí mismo. No todo vale para conseguir buenas notas. Pero ojo, si pasa demasiado tiempo haciendo las tareas el efecto será contraproducente: estará agotado y no tendrá tiempo para hacer deporte o jugar. Si ves que los deberes son exagerados, habla con los profesores y con el resto de padres para gestionarlos mejor.

* Enseñarles herramientas adecuadas. Pero siempre para que las usen ellos. No les des las respuestas, mejor enséñales cómo buscar en Internet o cómo buscarla en sus libros escolares. Muchos niños son incapaces de encontrar en los libros las respuestas a las preguntas de los ejercicios. Enséñales cómo se hace y deja que prueben ellos. Además, puedes trabajar con ellos en su comprensión lectora y su memoria, lo podéis hacer a través de juegos, en los viajes, por ejemplo, en los que puede participar toda la familia.

* Escúchales y respeta sus decisiones. Hay niños que quieren que les pases la lección, otros que prefieren ir más por su cuenta. Los hay que necesitan preguntar y comprender, mientras que otros tienden a memorizar. Si muestra preferencias por algo, respétalo y deja que pruebe. Los progenitores tienen que estar ahí para resolver dudas, en lo posible, pero sobre todo para que ellos aprendan a resolverlas por su cuenta. Armarse de paciencia es, quizá, lo más difícil, pero es muy importante que los ‘peques’ no te noten hastiado o frustrado, y mucho menos enfadado. Si les cuesta aprender algo o se bloquean, que pase a otro ejercicio y que deje ese para el final.

* Fomenta su propia responsabilidad. Aunque te cueste, aunque te de miedo e incluso aunque eventualmente acabe en un desastre, para su futuro es muy importante que estén educados en la responsabilidad. Es fundamental que los niños no sientan ansiedad por los deberes ni una preocupación excesiva, pero sí que sean responsables de ellos.

* Nunca les menosprecies. Y esto quiere decir jamás de los jamases. A veces, si estás muy cansado, puedes empezar a quejarte de su falta de capacidades. ¡Error!  Seguramente él también está agotado y que dudes de su inteligencia o habilidad le puede generar bloqueos inútiles. Mejor dejad las tareas para luego o incluso que se levante temprano (y se responsabilice de ello) para hacerlas, ya descansado. Y por supuesto evitar siempre cualquier tipo de menosprecio verbal. Por el contrario, valorar su esfuerzo ayuda a motivarles.

* Que aprendan a pensar. La neuropedagoga Nora Rodríguez aconseja que, por ejemplo, ante una cuenta de dividir se les puede enseñar a reflexionar. “Que se pregunten cosas como “‘Qué está ocurriendo aquí?’, ‘¿Para qué sirve lo que aprendí?’, ‘¿Cómo lo aplicarían en vuestra vida y para qué?’ También es importante que los niños y los adolescentes reflexionen sobre qué cambió antes de un determinado aprendizaje. Qué pensaban antes de saber determinada cosa y qué piensan ahora”.  Así, además de mejorar su rendimiento escolar impulsarás su capacidad crítica y analítica.

articulo tomado de MSN estilo de vida

fotografia © Proporcionado por Grupo Zeta

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